Casualmente era la primera lluvia de septiembre, la transición del verano al otoño... la época que más le gustaba. Olía a tierra mojada, le recordaba a la playa... Le hubiera gustado vivir en un sitio con mar, el agua cerca la hacía sentirse a salvo, pero en aquella urbe gris no había mar...
Casualmente también, era la primera vez que llegaba temprano a una cita.
Se dirigió al lugar acordado, debía de ser un sitio sin pérdida, sin cámaras y a plena luz. Así que nada mejor que aquel gran parque, a las diez de la mañana, bajo la estatua del ángel caído.
Habían quedado en que para reconocerse ella llevaría un paraguas rojo y él iría de blanco con unas gafas de sol oscuras.
Aunque era temprano, allí estaba, plantado bajo la efigie. Era moreno, alto y enjuto, llevaba gafas de sol y unos vaqueros gastados con camiseta blanca. Aunque correspondía con la descripción este no era como los otros, era más joven, más... normal. Así que por si acaso preguntó:
-¿Cruz?
-¿S.?
-Sí.
Sólo le había dado la inicial de su nombre, el trato era ese, él no debía saber nada de ella hasta el final y ella debía de sustituir la palabra muerte o asesinato por vacaciones y trabajo.
Él le hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera y ella obedeció.
Poco a poco se fueron alejando de la gente y se adentraron en una zona totalmente solitaria, no fue complicado, debido a la llovizna apenas había un alma. La chica sintió miedo.
Entonces sin que ella se lo esperara él comenzó a registrarle el bolso vaciándolo por completo.
-¿¡Pero qué coño!!!???
-Debo asegurarme.
Dicho esto la agarró de súbito y le palpó el pecho con una frialdad de cirujano, seguido de un pase por todo el cuerpo, incluso bajo la ropa interior. Ella gritó.
-¿¿¡Pero qué haces!!!!? ¡¡¿Qué piensas qué...??!!
-De acuerdo S., tranquila, no soy un violador, estás limpia. Ahora dime, ¿quién se va de vacaciones?.
Aunque estaba bastante consternada con la escena empezó a hablar:
-Antes debo decirte... que estará bien remunerado. Sé que vienes cobrando unos 36.000 euros, bien, te daré la mitad por adelantado en el momento que aceptes el trabajo y el resto después.
-Bien, lo preguntaré de otra forma: ¿para quién es el trabajo?
-Para mí.
-No, me refiero a quién tengo que mandar de vacaciones.
-Yo me iré de vacaciones.
El chico se paró en seco, se quitó las gafas de sol dejando al descubierto dos hermosos pero fríos ojos azules que la taladraron en un segundo.
-¡Mierda!-dio una patada en el suelo.
-¡Por favor!...- suplicó la chica- me han dicho que tú aceptabas este tipo de trabajo, no sé a quién más acudir... No será ahora. Mira, aquí tengo un móvil, lo he comprado hoy para ti. Cuando sea el momento una persona de confianza te llamará a este número. No debes usarlo nunca hasta entonces.
-¡Ni de casualidad mujer!. Me has hecho perder tiempo. Te dejé muy claro que nadie más debía saber del acuerdo.
-Espera Cruz, esta persona no sabrá nada, de hecho sólo llamará preguntando por Ramón.
-¿Ramón?
-Sí, será tu nombre clave, ni siquiera sabrá nunca quien eres ni porqué te llama. Tú le dirás que eres tú y ella te dirá donde encontrarme. Luego te desharás del móvil y me encontrarás para terminar el trabajo. Cómo hacerlo sin ser descubierto ya es tu especialidad.
-Es absurdo. No me cuadra S., ¿por qué no me llamas tú cuando sea el momento?
-Porque seguramente no podré...
-Tendrás que explicarme mejor.
Ella sonrió tímidamente...
-Así que es verdad lo del Sicario de las Historias.
-¡Shhhhh!, ¡respeta el acuerdo!
-¡Perdón, perdón, no me di cuenta!, sólo me dijeron que pides los porqués antes de mandar de vacaciones a alguien, a diferencia de otros de tu gremio... y que sólo aceptas el trabajo si hay detrás una buena historia.
-Bueno da igual, lo que sea es asunto mío... Tú explícate y rápido.
-Seré breve. Puede que me quede poco de estar aquí, ya sabes... en la Tierra.-Sonrió tristemente...
-Pero eres muy joven, ¿te refieres a...? ¿estás segura qué...?
-Sí, estoy segura. Pueden ser meses... tal vez un año, como mucho dos.
-Bien, continúa.
-Pues que es muy posible que antes de irme me quede como un vegetal, imposibilitada... y quizá pueda pasar mucho así antes de acabar del todo.
-Entiendo. Aun así yo no...
-No, no puedes entenderlo Cruz. He luchado toda la vida ¿sabes?, toda la vida, para ser un poco feliz, para tener una vida estable, digna, un trabajo, una vivienda... Yo nunca he tenido un hogar de verdad.
-Sólo quiero saber lo necesario S.
-Está bien... Pero ¿tú quieres una historia real no?
-Sí, claro.
-Pues podría decirte que no quiero que nadie me cuide en mi convalecencia y acabaríamos, pero eso sería una verdad a medias.
-Continúa.
-En realidad es que no tengo nadie que me cuide. Ya ves, no es una historia muy original.
-¿No tienes familia?
-No, mi padre nos abandonó y mi madre nunca ha sabido cuidar ni de ella misma.
-¿Hermanos, pareja?...
-No, soy hija única y he dejado a mi pareja desde que supe de mi mal.
-¿Por qué...?
-Él... no dudo que me amara, puede que sí... pero no sabía cuidarme ni cuando estaba acatarrada... se ponía de mal humor. Hubiera sido demasiado pedirle, no lo hubiera soportado, ni él ni yo. Así que ni siquiera le he contado el verdadero motivo, nadie lo sabe, sólo yo... y ahora tú.
-Pero tienes que decirle, si él te quiere estará...
-No, no lo creo... nunca he sentido que él pudiera estar hasta ese punto, una vez incluso me lo insinuó.
-¿Y no hay nadie? ¿otro familiar, algún amigo...?
-Nadie... nadie hasta ese punto.
-Vaya...- Por los ojos de reptil del sicario pareció cruzarse de pronto una chispa de tristeza.
-Y ahí es donde entras tú Cruz, en lo de la dignidad… No es justo que muera así, en un hospital, rodeada de extraños... Sufriendo día tras día mi inmovilidad y mi soledad, despojada de mi humanidad, de mis logros… Toda mi lucha reducida a cero... No, no me lo merezco. Y por eso he ahorrado todo este tiempo.
-Pero quizá ese dinero puedas usarlo para curarte.
-No, no puedo, créeme, no hay remedio.
-Vaya...
-Tú sólo tienes que hacerlo, te llaman, acudes y ejecutas el trabajo. Luego el resto del dinero pasará a ser tuyo automáticamente en cuanto me... vaya de vacaciones.
-¿Cómo...?
-Una cuenta, en un paraíso fiscal, ambos seremos titulares, pero tú no podrás sacar sin mi autorización excepto en caso que yo...
-Te vayas de vacaciones.
-Sí.
-¿Y cómo estarás segura qué no te mandaré de vacaciones antes para cobrar el dinero?
-Porque por cada año que pase la cuenta aumentará 12.000 euros. En seis meses habrá 6.000 euros más. Mil euros por mes a partir del próximo mes.
-En realidad no es tanto dinero...
-Es lo único que puedo ofrecerte... ¿Lo tomas o lo dejas...?
-No te han contado todo de mí por lo que parece.
-¿A qué te refieres...?
-Sólo me quito las gafas ante la gente que voy a mandar de vacaciones.
-Entiendo, aceptaste desde el inicio.
-Sabía qué tenías una buena historia.
-¿Nunca sonríes...?
-Nunca cuando trabajo.
-Eso es... muy profesional.
-Oye S. ¿Qué pasa si todo va bien? ¿y si al final no te quedas vegetal y te vas de vacaciones sola...?
-Igualmente el dinero que te daré al inicio será tuyo, menos el del banco...
-¿Y eso...?
-Muy sencillo, la persona que te ha de llamar sólo lo hará si estoy imposibilitada, no si muero. No tendrás forma de saber si he muerto o no, porque no sabes quién soy.
-Podría investigarte sin que te enteraras.
-Si tuvieras intención de hacerlo, no me darías tantas pistas. Además te entrego esta llave.
-¿Qué es esto..?
-Más bien, para qué... esta llave abrirá una cajita que contiene el número de cuenta, el sitio donde está y mis datos. La cajita es grande, visible, de madera con flores talladas y pasará a estar en mi habitación de convalecencia, porque así se lo dejaré encargado a la persona que ha de llamarte. Esa persona te dirá mi nombre y la dirección en la que me encuentre.
-¿Y esa persona en la qué tanto vas a confiar no te fallará?. ¿Y si tanto te fías de ella porqué no le pides qué te cuide...?
-Tendrás que fiarte de mi palabra, si yo te digo que lo hará es que lo hará, el resto no es asunto tuyo, sólo querías los datos necesarios y eso no es relevante.
-Lo tienes todo calculado ¿no?
-Bueno, seguro que se me escapa algo... pero me han dicho que eres un tío de palabra.
-Qué irónico. ¿Y quién te lo ha dicho es de palabra...?
-Cruz...
-¿Qué...?
Dos lágrimas cayeron por las pálidas mejillas de la muchacha.
-Necesito confiar en alguien... necesito confiar en ti, en tu palabra, necesito creer que aun tengo la posibilidad de elegir mi final... si te queda una pizca de humanidad ahí dentro, no me hagas dudar en esto.
Las facciones del chico se endurecieron de pronto y su expresión le dio miedo de verdad.
-Mírame S. Quiero que no te olvides de estos ojos porque serán los últimos que verás, te lo juro. Te doy mi palabra. Ahora ve tranquila.
-Gracias... gracias Cruz, en serio.
-Dame el móvil y la llave y marcha en paz. El dinero déjalo esta tarde en efectivo donde acordamos y así cerraremos el trato.
La chica le entregó los objetos y asintió. Luego comenzó a alejarse.
De pronto se giró y le dijo:
-¿Sabes Cruz...? Quiero que sepas... que cuándo te vea aparecer... no tendré miedo.
-Eso no lo sabes S.
-Sí... lo sé. Ya lo verás...- y sonrió girándose.
Ella parecía tan llena de vida de pronto... tenía una forma de caminar peculiar, como a saltitos… No, no debía de pensar en eso... él era un asesino, no podía sentir simpatía por sus víctimas... Pero esto era más cómo una obra de caridad... No, tampoco debía de pensar así, él cobraba por ello, porque claro, el riesgo que corría no era pequeño. No, debía de tratar esto con frialdad, si no, no podría hacerlo... Sin embargo algo se agitó en su estómago:
-¡¡¡¡S.!!!
La chica se giró sorprendida:
-¡¿Qué ocurre??!!
-¡Suerte!...
Ella volvió a sonreír y se desapareció corriendo mojándose y sin abrir el paraguas.
UN AÑO Y TRES MESES DESPUÉS.
PI PI PI PI PI, PI PI PI PI
¿Qué diablos era ese ruído...? ¿Qué hora era...?
PI PI PI PI PI PI PI PI PI
¡Dios, las ocho de la mañana!... ¡mierda!. Era aquel teléfono... un terrible escalofrío que nada tenía que ver con el frío invernal, le recorrió la espalda.
-¿D-diga...?- Contestó.
-Ho... hola...- era la voz de una cría llorosa, de unos ocho años como mucho...
-¿Quién eres...?
-¿Ramón...?
